Publicado en Opinión

Hablemos hoy: ¿Qué es la UST?

Algunas veces me han preguntado: ¿Qué es lo más difícil de plasmar cuando estás escribiendo una novela? Mi respuesta casi siempre ha sido: La UST. Normalmente se me queda mirando como si estuviera hablando en un idioma extraño, y puede que sí. Pero esperad, que os lo explico.

La UST son las siglas en inglés de “Unresolved Sexual Tension”, o lo que quiere significar en lengua de Cervantes, “La tensión sexual no resuelta” ¿A que ahora ya va sonando?

Este término se viene usando de manera extendida desde la década de los 80 o 90. Lo hemos podido ver claramente en series como “Expediente X”, donde Mulder y Scully1432668007429518740 orbitaban el uno alrededor del otro, lo que suponía la delicia para muchos y los tirones de pelos para otros. Otro ejemplo lo podemos encontrar en la ochentera “Luz de Luna”, donde Maddie y David también traían locos a los espectadores con su eterno tira y afloja.

Cómo usar la tensión sexual no resuelta

Plantear una UST no es algo fácil, porque no hay nada tan eficaz en una novela como manejar bien este recurso; es el nombre del juego. Cuántas veces nos ha pasado que hemos estado leyendo una novela y se nos llena el estómago de mariposas cuando él y ella intercambian tan solo una mirada o una palabra. ¿A que sabéis de qué os hablo? Y eso es magnífico, porque empuja al lector a querer saber cómo y cuándo van a dar por fin el paso y decirse cuánto se quieren, o entrar en materia. Pero, ¿y al contrario? ¿No os ha ocurrido que esos dos personajes están destinados a ser la pareja central, pero no sentimos absolutamente nada cuando están juntos? Nosotros, como autores, tenemos muy claro en nuestra cabeza y en nuestros esquemas que fulanita y menganito van a terminar juntos, pero eso hay que hacérselo ver al lector. Los escritores debemos tener en cuenta que la tensión sexual es algo que ocurre en nuestra mente, y es importante contemplar el punto de vista de los personajes para sacar el máximo provecho de ello, porque ambos personajes pueden tener visiones muy distintas de lo que está ocurriendo.

Pero si el autor quiere que sea verdaderamente efectiva y realista, debe de tener un mayor interés de fondo. Si el autor no sabe hacer interactuar a sus personajes podemos caer en el peligro de que el lector, por ejemplo, en su búsqueda inconsciente de darle una relación al/la protagonista, crea que ese guapo repartidor de Amazon que llama un buen día a su puerta podría ser el interés romántico de la chica solo porque sus dedos han rozado su mano al entregar el paquete, y ya la hemos pifiado, porque creamos malos entendidos. Ya lo he comentado: la tensión está en la cabeza del autor y debe saber mostrarla.

Qué puede empujar hacia la tensión sexual entre la pareja protagonista: puede ser el miedo, la negación de sentimientos, el no saber cómo enfrentarse a ellos son las razones más habituales para que un personajes no sea consciente de sus sentimientos y, por tanto, no sepa manejar una potencial relación, y ahí es donde surge el conflicto y comienza la tensión.

Hay una premisa que yo, como autora, uso mucho y es el “muéstralo, no lo cuentes”. No surte el mismo efecto que nuestro protagonista nos diga lo que está comenzando a sentir por esa otra persona, a que nos lo muestre con sus actos. Además, si queremos darle aún más efectividad, no deber ser algo general como “es el hombre más atractivo que he visto en mi vida”, sino darle particularidades, algo que no se vea a simple vista. Por ejemplo, no es igual describir unos ojos como “ojos azules infinitos” a que el protagonista cuente qué siente cuando esos ojos azules lo/la miran.

La tensión no tiene por qué ceñirse solo al plano físico. Eso está bien para comenzar, por supuesto. No solo se trata de que uno se sienta atraído físicamente por el otro, sino que ellos vean en el otro características que los demás no ven, y que no veríamos si no es por sus ojos. Convengamos que no todo termina en la atracción física. No podemos tener permanentemente al personaje pensando que “tiene un trasero bonito” o “un pecho escultural”. Tratar cosas como qué tienen los personajes en común, qué les gusta, cómo ven la vida puede ser muy efectivo. En otras palabras: enriquecer al personaje, darle capas. De nuevo, que no sea una lista de esas cosas, sino crear escenas en donde esas características salgan a relucir y se muestren.

Las escenas que más solemos recordar de un libro, o incluso de una película romántica, son aquellas en la que los protagonistas se están conociendo, la sorpresa, la excitación, el acercamiento. Pero todo esto hay que hacerlo de una manera real, que se sienta cercano y verdadero.

En definitiva, manejar sabiamente la UST es algo difícil y  hay que hacerlo con mimo y cariño, para que esa pareja y ese libro permanezca en nuestras memorias durante mucho, mucho tiempo.

Marion.

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