Publicado en Relato

Nuevo espacio en el blog: Relatos

Hemos decidido introducir una nueva categoría de publicaciones, todavía no sabemos si será de forma semanal o quincenal, pero a partir de ahora podréis disfrutar de algunos de los relatos que hemos escrito.

Hoy nos estrenamos con uno que publicó Maria Ferrer Payerasen el blog “Los libros de Cenicienta” el año pasado. Espero que lo disfrutéis…

La Boda 

—¡Martina! ¡Álex! ¡Qué boda más preciosa! Y tú, reina, ¡estás guapísima! ¡El vestido es una maravilla! ¡Hacéis tan buena pareja!…

Martina y Álex se acaban de casar.

Dentro de nada empezará la fiesta para los más jóvenes. Música y barra libre hasta las cinco o las seis de la mañana. Por eso, la gente a la que no le va mucho la juerga, ha empezado a despedirse.

Los novios, de pie uno al lado del otro, sonríen  y dan las gracias. La cara les duele ya, de tanta alegría

.En la iglesia, Álex, ha esperado a Martina junto al altar, mientras ella entraba del brazo de su padre, que estaba a puntito de llorar; no sabía muy  bien si por la emoción o si era porque estaba calculando lo que le iba a costar la “fiestecita”.

.Si empieza a sumar el precio del “vestidito” de la niña, el de la madre, el suyo…¡Uf! Ahora da las gracias por haber tenido solo una hija, porque si hubiese tenido que vestir a dos o tres personas más…

Además, su mujer no ha querido nada que no fuese de primera —como le gusta decir a ella—. Y ellos sí, tienen algún dinero, pero no les va a durar demasiado si continúan actuando como si la bolsa no tuviera fondo…

La misa no ha sido nada del otro mundo, nada especial, si dejamos a un lado al coro y al pianista —que también ha pagado el padre religiosamente—. ¡¿En cambio, la fiesta?! ¡Ha sido sonada!

Martina está tan contenta,  “¡Todo ha salido tan bien!”, se repite incansablemente. “Y la  cara de envidia que ponía la “gili” de Esperanza!” Es que no entiende por qué la han tenido que invitar, no es más que una compañera de trabajo de Álex, si él mismo dice que no la soporta…

Se muere de ganas de hablar con su mejor amiga, Carmen. De hecho, piensa que si entraran un rato al baño, podrían estar tranquilas y criticar los vestidos tan horribles que llevan algunas invitadas. “¡No todo el mundo puede tener la clase que tenemos Carmen y yo!”

Cuando consigue sacarse de encima a la gente, coge a Carmen de la mano y riendo van hacia el baño de señoras.

—¡Ay, Martina, estás preciosa! Ya sé qué te lo he dicho mil veces esta noche. Yo en cambio…

—¡Calla y no seas tonta!

—¿Donde vamos? Mira que estoy muy borracha, ¡A ver si me voy a caer!

—¡Vamos al baño! Para poder hablar un poco tranquilas y criticar, sobre todo a aquella mala pécora de Esperanza ¡No sé ni por qué ha tenido que venir!

En cuanto ponen un pie en el baño, oyen los gemidos de una mujer, que no son de dolor precisamente.

Disimulan la risa, al tiempo que oyen la voz de un hombre que cuchichea:

—Calla, no hagas tanto ruido, creo que ha entrado alguien.

—¡Que va ha haber entrado alguien! Estamos completamente solos, ¿Y qué si me oyen? Así tu mujer verá, al fin, que es conmigo con quien te gusta hacerlo y no con ella.

—¡Calla!

—Pero si eres tú el que siempre dice que follar con ella es como si lo hicieras con una muerta…

—Es verdad, me gusta mucho más follar contigo. ¡Uf! ¡No veía el momento de poder metértela! No creo que esto vaya a durar mucho…

Martina y su amiga salen del baño riendo.

—¿Quiénes debían ser? —pregunta Carmen riéndose—. ¡Pobre, la mujer del tipo!, ¡Vaya par de cuernos le están saliendo!

—A él no le he reconocido la voz, con el tono tan bajo era difícil. Aunque ella, con los gritos que daba, estoy segura de que era Esperanza.

—¿La del trabajo de Álex? Pero si casi no la conoces, ¡Mira que la tienes entre ceja y ceja a la pobre!

—¡Estoy segura de que era ella! Vamos a escondernos detrás de aquella palmera y veremos con quién sale. No creo que tengamos que esperar mucho por lo que ha dicho él —Y se pone a reír otra vez.

Seis o siete minutos más tarde, la pareja sale del baño; Martina y Carmen, desde detrás de la palmera, descubren quien acompaña a Esperanza, y también pueden ver cómo la hermana de Álex se acerca a él mientras le pregunta:

—Álex, ¿dónde os habéis metido Martina y tú? Todo el mundo pregunta por vosotros. —mirándolo extrañada, continua— Y, ¿qué hacías en el baño de las mujeres?

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