Publicado en Relato

“Pídemelo” por Marion S. Lee

Pídemelo —lo oyó decir.

¿Cómo dices? —preguntó ella sin comprender.

Colin buscó sus manos y las tomó entre las suyas, apretándolas con fuerza mientras su pulgar acariciaba el suave dorso.

Hazlo. Pídeme que me case contigo.

Nadine alzó una ceja de aquella manera que era tan suya. Lo miró de frente y alzó la barbilla.

Bien —asintió con convicción—.  Colin, ¿quieres casarte conmigo?

¿Te vas a poner de rodillas para proponérmelo? —le preguntó él con cierta sorna en su tono de voz.

Ella ahogó la risa que se agolpaba en su garganta. Hizo una mueca con los labios.

Respóndeme —lo acució—: ¿eso es un sí?

Colin cubrió la breve distancia que los separaba y atrapó sus labios con un beso avasallador que la dejó sin aliento al instante. Los brazos de Nadine se cerraron en torno al cuello de él y lo atrajo hacia ella todo lo que pudo.

Sí. Me casaré contigo —le susurró separando apenas su boca de la de ella. Una enorme y genuina sonrisa le iluminó el rostro.

Volvieron a besarse como si jamás lo hubiesen hecho antes, como si se estuviesen descubriendo el uno al otro en ese mismo instante. Se besaron como si el tiempo fuera todo suyo y no les importara nada más que el presente.

Nadine pasó las manos por los hombros desnudos de Colin, notando bajo las palmas cómo la piel masculina se erizaba allí donde lo tocaba. Envalentonada, sus manos se volvieron más audaces, bajando por sus brazos para deshacer el camino una y otra vez, hasta que notó que los músculos se tensaban.

Era una delicia poder tocar y explorar toda aquella piel a su antojo. Despacio, lo besó en el centro del pecho, haciendo que sus labios se demoraran en él, depositando un beso tras otro y trazando un sendero desde ahí hasta su costado.

De la garganta  de Colin salieron pequeños gemidos de placer, disfrazados como un montón de palabras sin sentido que la hicieron sonreír.  Regresó sobre sus pasos, sembrando de más besos el pecho de Colin en dirección al costado opuesto.

Los brazos del hombre la atrajeron hacia él, reduciendo la distancia que los separaba a algo puramente anecdótico. Y, aun así, aquella distancia le parecía demasiada. Con agilidad, se deshizo de su propia camiseta.

Colin volvió a abrazarla cuando la prenda cayó a sus pies dejando sólo su sujetador como prenda que separaba su piel de la de él. La besó cerca de la oreja y el aire cálido de su respiración la hizo estremecer. Después de aquel beso muchos más fueron tras él, bajando por el cuello hasta el hueco en donde se unía al hombro. El tirante del sujetador de Nadine resbaló por su hombro y Colin dibujó aquel camino con sus labios.

Las manos de su compañero se desempeñaban  sobre su cuerpo con concienzudas caricias y no dejaba de insistir hasta que había obtenido todo lo que se proponía. Las yemas de sus dedos subían y bajaban sin piedad por el centro de su espalda, dejando todos los poros de la piel ardiendo y anhelando que continuase. El broche del sujetador se rindió a aquellos dedos expertos y la prenda resbaló del cuerpo de Nadine casi sin darse cuenta. Ella echó la cabeza hacia atrás, dejando su cuello completamente a merced de Colin.

Él la besó en donde su pulso latía enloquecido. Pasó la punta de la lengua por él y ella se agarró con fuerza a sus brazos. Su boca subió hasta encontrar el lóbulo de su oreja y lo mordisqueó y succionó hasta que Nadine gimió mientras se derretía contra él.

Nadine buscó su boca y la encontró presta para volver a besarla. Los dientes de Colin arañaron con suavidad su labio inferior, mordisqueándolo y apresándolo. Su lengua se adentró en su boca y ella olvidó cómo se respiraba.

Lejos de dejarse llevar, la lengua de Nadine salió a su encuentro, devorándose la una a la otra con hambre y casi con desesperación. Habían sido días duros; días de mucha tensión acumulada y de miedo a perderlo. Ahora que, al fin, todo había acabado, era como abrir la compuerta de una presa después de una riada.

Las manos de Nadine se agarraron con fuerza a sus antebrazos, notando los músculos bajo las palmas. Subió hacia los brazos y los hombros para agarrarlo y atraerlo hacia ella. Colin se pegó a ella tanto como pudo, como si quisiese meterla bajo su piel. Ella no iba a decir que no; quería sentir cada centímetro de aquel cuerpo que tan bien conocía y que tan bien conocía el de ella.

Había llegado al punto de que le estorbaban las pocas prendas que ambos llevaban aún puestas. Nadine metió las manos por la cinturilla elástica del pantalón de Colin, acariciándole las caderas sin nada que se interpusiera. Escuchó un ronroneo procedente de su garganta que la hizo sonreír plenamente. Alentada por aquellos sonidos, las manos de Nadine siguieron su viaje por el vientre de él. De repente, las manos de Colin sobre las suyas la detuvieron. Nadine alzó la mirada para encontrar aquellos ojos azules, oscurecidos por el deseo, fijos en ella.

Quítame el pantalón.

Ella alzó una ceja, sonriente.

¿Es una orden? —preguntó Nadine.

La expresión de Colin había cambiado por completo desde que ella entrase a la habitación, minutos atrás. Aquella que mostraba en ese momento era la que más le gustaba, la que ella quería ver siempre en sus labios y en su rostro. Colin sonreía ampliamente, con el pelo revuelto, la mirada entornada y los labios enrojecidos por sus mordiscos y sus besos. Sintió una punzada de deseo entre sus muslos.

¿Quieres que lo sea? —preguntó él a su vez.

Ella se limitó a mirarlo con fijeza.

Me da igual que lo sea si, a cambio, tú me quitas el mío.

Las manos de él se apresuraron a buscar el botón del pantalón de ella.

Será un verdadero placer —le dijo a modo de promesa, que Nadine supo que cumpliría.

Unos segundos después, ambas prendas yacían a sus pies, hechas un ovillo. Nadine se deshizo de un puntapié de sus zapatos y ya nada quedó entre ambos que pudiera separarlos.

Con renovado ímpetu volvieron a besarse. Colin la encerró entre sus brazos y ella lo abrazó con fuerza por la cintura. Nadine no tuvo que esforzarse mucho para lograr que, un segundo después, ambos cayeran sobre la cama deshecha.

Sin tener que imponerse, el peso del cuerpo de Colin la aprisionó contra el colchón. Sus manos estaban por todas partes, como si quisiese memorizar de ese modo cada centímetro de su piel, cada marca. Las yemas de los dedos comenzaron a dibujar senderos imaginarios con fuego líquido, reduciéndola a un montón de pensamientos incoherentes sin otra misión más que arrancarle esos gemidos de placer cuando él la tocaba como lo estaba haciendo en ese preciso instante.

Colin se apoyó sobre sus manos, elevando el torso. Se miraron por unos instantes. Los ojos de él la recorrieron, despacio, recreándose sin prisas. Sintió su mirada sobre su cuerpo y vio el deseo en ella. Los labios de Nadine se curvaron con una sensual sonrisa.

¿Ves algo que te guste?

Los labios de Colin imitaron su sonrisa y el corazón de Nadine dio un salto dentro de su pecho.

Ya lo creo que sí —le respondió antes de descender sobre ella y atrapar un duro pezón entre sus labios.

La espalda de Nadine se arqueó sobre el colchón cuando notó la boca cerrarse en torno a su pecho. Se agarró con fuerza a sus hombros y lo atrajo hacia ella tanto como pudo. La lengua de Colin no le concedía tregua: la lamía con sutileza para, después, atrapar la dura punta entre sus labios y tirar suavemente.  Con más rudeza de la que era necesaria, las manos de Nadine viajaron hasta la nuca de él y lo apretó contra ella, no dispuesta a que sus atenciones cesaran.

Colin pasó de un pecho al otro sin dejar de besarla, acariciarla y devorarla ni por un instante. Los sentidos de Nadine estaban puestos en el trozo de piel que él besaba en ese momento. Aquellos labios y aquella lengua iban a volverla loca.

Como si lo hubiese sabido, la lengua de Colin dibujó una línea inexistente que descendía por su esternón para acabar unos centímetros por encima de su ombligo. Las manos de Nadine acariciaron el pelo de Colin mientras mantenía los ojos fuertemente cerrados.

La cintura femenina recibió los siguientes halagos. Colin paseaba sus manos por ella, a derecha y a izquierda, subían por los costados hasta las costillas y bajaba hacia las caderas, apretándolas con firmeza.

A esas alturas, el cuerpo de Nadine ya no tenía sangre en sus venas sino lava incandescente. Pasó las palmas de sus manos por los fuertes hombros de Colin, por sus bíceps para volver a ascender y acariciar sus mejillas. Él continuaba besándola, bajando por su cuerpo, descendiendo por su vientre más allá del ombligo. Nadine incorporó la cabeza para mirarlo.  En ese instante, Colin alzó la cabeza y sus miradas se encontraron.

Por unos momentos se quedó sin respiración al verse reflejados en ellos, en cómo la observaba él con aquella mirada suya que le hacía creer que no existía más mujer en la tierra que ella, que la hacía sentirse de verdad especial. Él le dedicó una nueva y juguetona sonrisa y continuó besándola por debajo del ombligo. La cabeza de Nadine cayó con fuerza contra el colchón cuando la lengua de Colin la acarició íntimamente.

Nadine cerró por instinto las piernas, atrapándole la cabeza entre ellas. Colin la tomó de las caderas y la alzó un poco más mientras continuaba devorándola con tesón. Nadine plantó los pies sobre el colchón y empujó hacia arriba, buscando un mayor contacto con aquellos labios y aquella lengua que la estaba volviendo loca. Una de las manos de Colin dejó su cadera y viajó despacio por el muslo. Nadine gimió cuando uno de los dedos entró en ella y se movió en su interior.

No podría soportarlo por más tiempo. Aquel dedo salía y entraba en ella, dejándola sin respiración en cada ocasión; al igual que la lengua que la acariciaba y los labios que pellizcaban la inflamada carne. Nadine cerró con fuerza los ojos y apretó los dientes cuando un poderoso orgasmo le sacudió cada fibra de su ser, haciéndola retorcerse, levantándola de la cama y dejándola caer cuando ya no pudo sostenerse.

Colin ralentizó sus caricias, besándola en el interior del muslo con abandono y paseando sus hábiles manos por el exterior de sus piernas, arriba y abajo. Le costó abrir los ojos y fijar la vista y, cuando lo hizo, lo encontró mirándola con una mueca de orgullosa satisfacción en su rostro.

¿Estás bien? —le preguntó sin dejar de sonreír.

Ella negó con vigor.

No. Nada bien —le dijo inicialmente seria, pero un segundo después, su rostro se iluminó con una amplia sonrisa.

Nadine se incorporó para sentarse y buscar su boca. Lo besó con pasión, atrapando su rostro entre sus manos. Se dejó caer hacia atrás, arrastrándolo con ella y no queriéndolo dejar escapar. Sentía su erección sobre su vientre y se frotó contra él con absoluto descaro, arrancando un gemido de puro deleite de la garganta de Colin. Con agilidad, se giró entre sus brazos y se colocó boca abajo, con él pegado a su espalda.

Con estudiada sensualidad, Nadine se recogió el pelo, dejando al descubierto el punto en donde su espalda y su cuello se unían. Colin no tardó en posar su boca en aquel lugar y todos los poros de su piel se erizaron, enviándole una sacudida desde la cabeza hasta los pies. Notaba el aire caliente de su aliento y el roce de su barba. Aún notaba una maravillosa punzada entre los muslos a causa de aquel orgasmo pero sintió que lo necesitaba de nuevo, dentro de ella. Sin dilación, Nadine se rozó contra él mientras separaba las piernas, en una muda invitación. Sin esperar más, Colin la tomó de las caderas, elevándolas del colchón y se hundió en su interior.

Nadine cerró los ojos de puro placer al sentirlo dentro de ella. Apretó la almohada entre sus dedos y ahogó en ella el gemido que nació en su garganta. Colin se tendió a medias sobre su espalda, con ambas manos a los lados de la cabeza de Nadine. Con lentitud, él volvió a besarla entre los hombros y en aquel punto del cuello que tanto la excitaba y que la hacía estremecerse.

Despacio, él comenzó a moverse dentro de ella, saliendo lentamente para volver a entrar, más hondo, más fuerte cada vez. Colin ocultó su rostro en el hueco de su cuello, besándola sin parar.

Nadine —le susurró en su oído.

Su voz ronca la hizo hervir la sangre. Levantó un poco más las caderas y Colin se introdujo más en ella. Cada embestida que recibía era más larga y más profunda. Más frenética. Nadine se agarró con fuerza a la almohada, mientras su cuerpo comenzaba a tensarse.

¡Colin! ¡No pares ahora!

Él no necesitó más; con un potente envite, se hundió en ella todo lo que pudo y se corrió en su interior mientras dejaba escapar un gruñido de satisfacción mezclado con su nombre. Nadine lo siguió un segundo después, con un nuevo orgasmo que hizo que todo su cuerpo se estremeciera por completo.

El peso del cuerpo de Colin no le molestó cuando se dejó caer pesadamente sobre ella. Al contrario: Nadine sonrió con la respiración entrecortada, sintiendo la de él contra su piel. Notó cómo Colin se retiraba de ella con desgana y caía a su lado.

Nadine giró para colocarse de costado, enfrentando a Colin.

¿Bien? —preguntó con una media sonrisa que le iluminó la mirada.

Colin la miró por el rabillo del ojo, intentando normalizar su respiración.

Cuando estemos casados, ¿esto va a seguir siendo así?

Ella negó con la cabeza.

No. Va a ser mejor.

 

Marion

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