Publicado en Inédito

Capítulos inéditos: Mi Mal de Amores Eres Tú

El misterioso atacante de Sleepy Hollow

Dos horas llevaba corriendo y el cuerpo no se agotaba a pesar de no haber dormido nada la noche anterior.
Fue muy larga tras lo sucedido en casa de Tom con mi posterior huída. Para colmo se me olvidó pedirle disculpas. La razón de mi vigilia no era otra que la de pretender rechazar mis sentimientos por él. Durante esas inmensas horas los tiré más abajo del betún de los zapatos pisoteándolos con ganas. Sobre todo me reforzaba pensar que era un Crane.
Como Ton no estaba presente, me resultaban muy fáciles esas palabras.
La solución más simple: que me rechazase.


No lo hacía.
¿Acaso le estaba pasando lo mismo que a mí?
Todo apuntaba a que así era.
Sin embargo, cuando Tom estaba cerca todo se disolvía, se evaporaba y me quedaba indefensa delante de él. Era verdad que me moría por un beso suyo, al mismo tiempo lo temía, de ahí mi veloz retirada. Creía que besarlo sería desvelar mis sentimientos por él. Tampoco podía olvidar que me ocultó quién era. Me mintió por omisión.
Me agotaba pensar así continuamente, vivir dividida y hablarme a mí misma en esos términos. A veces me gustaría gritar los versos de Catulo: «Odio y amo. ¿Cómo es posible? preguntarás acaso. No sé, pero siento que es así y es una tortura». ¿Por qué? me preguntaría cualquier persona cuerda. Porque…
Un pinchazo de peligro se clavó en el centro de mi cuerpo.
—¡Ah joder! —exclamé.
Tropecé, caí de bruces contra el suelo salvándome la cara en el último momento con las manos, no así el pie izquierdo que me quedó suspendido en el aire. Intenté moverlo empeorándolo más. Para saber qué estaba pasando, giré el cuerpo como pude y comprobé con gran estupor que tenía clavado una especie de cable a la altura de la tibia. Dolía una barbaridad. Cuanto más movía el pie, el cable más se incrustaba.
Respiré profundo y traté de no moverme, lo cual era fácil porque estaba tirada en mitad del camino tirada con un pie en alto. Vamos, todo un espectáculo que podía durar horas si a nadie se le ocurría pasar por aquí. Tampoco podía llamar a mis tías, tenía por costumbre no llevar el móvil cuando salía a correr, hábito que debía cambiar, porque lo de este pueblo iba de mal en peor.
«¡Qué fuerte atentar contra la vida de las personas de esta manera!»
El día que mis tías me dijeron que no podía marcharme, retomé mis prácticas deportivas para descargar adrenalina. Evidentemente, iba sola. No sabía si Tom iba corría o no, puesto que no hablábamos. En esos pocos días fui atacada, aunque no pasaban de empujones o atropellos, como al principio. En esos instantes, la broma, si se podía llamar así, se volvió muy macabra.
«Un aplauso para el simpático del cable», la ironía apareció de manera espóntanea a través del dolor que sentía ya por toda la pierna.
Se me contrajo la cara en una mueca dolor. No sabía cuánto tiempo había transcurrido desde la caída, ¿mucho? ¿poco? Ni idea. De lo que estaba segura era que el sonido del motor de un coche fue música celestial para mis oídos.

Continuará…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s