Publicado en CAPÍTULOS, Inédito

Capítulos inéditos: Mi Mal de Amores Eres Tú

El misterioso atacante de Sleepy Hollow (2ª parte)

«Un aplauso para el simpático del cable», la ironía apareció espontáneamente a través del dolor que sentía ya por toda la pierna.
Se me contrajo la cara en una mueca dolor. No sabía cuánto tiempo había transcurrido desde la caída, ¿mucho? ¿poco? Ni idea, de lo que estaba segura era que el sonido del motor de un coche fue música celestial para mis oídos.


—¿Señorita, está bien? —preguntó una voz varonil, grave, pero no armoniosa como la de Tom.
—Si estuviese bien no estaría así —contesté—. Me he clavado un cable —expliqué.
Levanté la cabeza y vi unas botas de faena acercarse a mí.
—Lo veo…
—Y yo lo padezco, créame —aguanté por unos segundos la respiración por el dolor—. Por favor, ayúdeme, me duele la pierna.
—¡Josh, tráeme el botiquín! —Le gritó a alguien.
El segundo hombre, raudo, hizo lo que se le pidió. Pronto, oí el sonido de una caja metálica abrirse y como se revolvía en su interior.
—Esto va a doler un poco.
—Lo raro sería que no doliese.
—¿A quién se le ocurriría poner esto aquí?
—Eso me gustaría saber, porque tiene la simpatía en cierta parte del cuerpo.
El hombre soltó una carcajada. Por mi parte no estaba yo para carcajadas, sino para todo lo contrario. Noté sus manos sobre mi pie. Instintivamente cerré los ojos apretando tanto la mandíbula que en cuestión de segundos las muelas me dolían. De un tirón rápido me quitó el cable. El cuerpo se me tensó del dolor.
—Listo —comentó dejando el pie colocado en el suelo—. Ha sido muy valiente señorita…
—Cecilia, Celicia Wells.
Mis muelas todavía estaban pegadas. No sabía si me dolía más con cable o sin él.
—Ya decía que tu cara me sonaba.
«Espera, espera, espera, qué mi cara le suena ¿de qué?».
—Josh, coge a la señorita Wells para llevarla al hospital —ordenó al otro hombre—. ¡A qué esperas! No te quedes ahí parado como un tonto del culo —estalló él.
—Yo… es que… ella es… —El tal Josh no le salín las palabras.
—¡Déjalo, ya lo hago yo! No sé cómo podéis creer todavía en esas patochadas —rosmó.
Se acuclilló a mi lado levantándome despacio.
—Cecilia, agárrate a mi cuello. —Me levantó en el aire como si fuese un peso pluma. Era alto, corpulento y de hombros anchos—.Y tú llama al sheriff Graham y dile que he llevado a la señorita Wells al hospital.
Lo miré con ojos entreabiertos, no podía abrirlos más, el dolor de la pierna era insoportable, más hora en brazos de este chico de pelo rubio rizado.
—¿Me conoces? —Mi voz sonó muy estrangulada.
—Eres la hermana de Emily, con la que por cierto te das un aire. —Andaba tan deprisa que el movimiento me dañaba más.
Quise disimular una mueca de dolor, pero no me salió.
—¿Te duele?
—Mucho, no lo aguanto.
Abrió la puerta conmigo en brazos y me sentó en el asiento trasero.
—Acomódate.

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