Publicado en Relato

“Lady Smartphone” por Isabel Jenner

En un Londres del siglo XIX…

Lady Florence «Flossie» Easter, hija del marqués de Wessex, se despertó a causa del sobresalto que le produjo un zumbido molesto y repetitivo procedente de la parte derecha de su enorme cama con dosel. No sabía qué hora era, pero estaba segura de que aún era demasiado pronto para despertarse. ¡Había regresado sobre las cuatro de la madrugada de la fiesta de lord Middletown! El sol que se atisbaba tras los ventanales tendría que brillar más alto en el cielo. Con un gruñido, se apartó los cabellos cobrizos del rosto y estiró el brazo para agarrar el fastidioso objeto que la había sacado de su muy necesitado descanso. Presionó el botón inferior para desbloquearlo y el brillo de la pantalla la deslumbró por unos momentos. Adormilada, con los ojos avellana a medio abrir y la boca a medio cerrar, Flossie esperó a que las letras e imágenes se volvieran más nítidas antes de deslizar el dedo sobre el cristal templado.

Sus párpados se alzaron de golpe y ahogó un gemido.

—¡La muy víbora! ¡No debería haber confiado en ella!

Se recostó mejor en las almohadas y siguió desplazando el pulgar hacia arriba, con la esperanza de que su vista le hubiera jugado una mala pasada. Pero no tuvo suerte. Mezcladas con otras fotos de la fiesta, se encontraban las que se había hecho con lady Stella Penbrooke.

Inspiró hondo y volvió al principio para verlas una a una.

La primera era una inofensiva foto de grupo de los invitados, con los anfitriones, los condes de Middletown, justo en el medio. Flossie se encontró a sí misma junto a sus padres y unos amigos en la esquina superior izquierda. Se ayudó del dedo índice y el corazón para hacer zoom a los rostros. Todos sonreían a la cámara vestidos con sus mejores galas, y el contraste entre las levitas negras de los caballeros y las alegres muselinas y tafetanes de las damas en ricos tonos de rosa, verde y azul formaba un bonito juego de colores. Flossie leyó los hashtags por encima, sin prestar mucha atención: #EmpiezaLaTemporada #DamasSinFiltros #VolveréLadyMiddletown.

Soltó un resoplido ante este último. Era muy típico de Stella mostrarse tan pagada de sí misma. La única excusa que tenía Flossie que justificara el haber pasado tanto tiempo con ella la noche anterior era que su mejor amiga, lady Mary Bale, no había podido acudir por encontrarse indispuesta. En el audio de Whatsapp que le había enviado su voz sonaba bastante tomada.

Siguió pasando fotos de varios de los bailes en los que habían participado con unos hashtags cada vez más escandalosos:

#ElValsEsParaSolteras

#LasCuadrillasParaCasadas

#ConUnDuqueBailoTresVeces 

#MiCinturaEstáMásArriba.

Flossie sintió que las mejillas se le encendían, aunque ella también había experimentado en primera persona el toque de unas manos errantes que se despistaban hasta alcanzar su trasero en alguna que otra velada.

Tragó con dificultad al ver el primer selfie que se habían hecho en el tocador de señoras a petición de Stella. Era bastante inocente, las dos juntas y sonriendo al enorme espejo de cuerpo entero enmarcado con hojas de parra y regordetes angelitos de oro pulido. Sus cabezas, la rubia de Stella y la suya, de un llamativo pelirrojo, estaban pegadas, sin importarles demasiado el deshacer los complicados peinados que sus doncellas habían tardado horas en elaborar. Y sus posturas, en apariencia relajadas, tenían el ángulo clave para mostrar sus mejores atributos. El vestido azul cielo de Stella realzaba sus ojos, cuyos iris eran de un color parecido, y el aguamarina de Flossie hacía maravillas con su piel, a la que solo le habían añadido un pequeño efecto con una nueva app de Stella para suavizar sus pecas.

El segundo selfie era el peor.

Venía después de las fotos de la cena (#SeisPlatos #FoodOfTheTon #MeVaAEstallarElCorsé) y de la mesa de refrigerios (#DeliciososPastelitos #MásPonchePorFavor).

En la desafortunada imagen, Flossie se había bajado el corpiño bordado con delicadas flores hasta dejar expuestos sus pechos mucho más allá de lo que recomendaban la decencia y el buen juicio, y se había inclinado un poco hacia delante; por si eso fuera poco, también se había dejado guiar por Stelle en la expresión de su rostro y, bueno, no solo estaba guiñando un ojo con total descaro, sino que sus labios estaban, estaban… arrugados, fruncidos en un absurdo intento de besito. Flossie se estremeció. Lo más terrible de todo era que la muy sinvergüenza de Stelle se había recortado dejando única y exclusivamente a Flossie en un primer plano. Todos los hashtags eran para ella: #YoNoMeQuedoSoltera #UnBuenPartido #MeVoyAGretnaGreen #AVerSiMeCaso.

Con un sollozo de rabia, hizo un patético intento de arreglar ese duro golpe a su reputación que había recibido por ser tan estúpida como para creer a Stelle cuando le aseguró que haría una selección de fotos y censuraría las más comprometidas antes de subirlas a Facebook y etiquetarlas. Flossie denunciaría las imágenes para que fueran eliminadas y luego iría a casa de Stelle. Se iba a enterar, se iba a… Con otro sollozo, esta vez de derrota, comprobó todos los «Me gusta» que tenía su selfie. Sumaban 78. Y las veces que había sido compartida, 35 en total. En menos de una hora.

Era una batalla inútil y perdida.

A estas alturas, medio Londres estaría en poder de su vergonzosa foto.

***

Flossie entró en el comedor donde cada mañana tomaba el desayuno con su familia arrastrando las zapatillas de fino raso. Había necesitado un buen rato para serenarse y comprobar que los comentarios de las fotos no eran tan obscenos e hirientes como había temido. Seguramente porque los caballeros no querrían que quedara constancia de palabras desagradables atribuidas a ellos en público.

El único comentario que la había desconcertado era uno que se había aprendido de memoria sin querer:

FullSizeRender (9)

El detalle del emoticono con forma de anillo era de agradecer.

Era lo más parecido a una propuesta de matrimonio que había recibido en sus dieciocho años de vida. Aunque fuera de un desconocido con tintes de libertino.

No había ningún nombre completo, nada más que las letras «R.B.». Flossie no sabía a quién atribuir esas iniciales, podrían pertenecer a cientos de caballeros. Y en la foto de perfil solo aparecía una mano masculina sujetando una escopeta de caza, así que no tenía manera de descubrir a su autor, y no pudo evitar preguntarse si se habrían visto en persona.

Le hormigueaban los dedos por meterse en su perfil completo así que pinchó sobre las iniciales y…

—No irás a desayunar con ese dichoso trasto en la mano, ¿verdad, Flossie?

La voz irritada de su padre la sobresaltó tanto que dio un pequeño salto y se llevó una mano al pecho. La que tenía libre.

—Claro que no, papá —respondió, a la vez que bajaba el brazo y dejaba el «dichoso trasto» junto a sus cubiertos. Antes había echado una subrepticia mirada de reojo para asegurarse de que no le había enviado una solicitud de amistad por error a su anónimo admirador. Hoy no se sentía lo suficientemente precavida sobre todas las catástrofes que podrían ocurrir.

Lanzó una ojeada a su padre.

Lord Wessex estaba sentado al frente de la enorme mesa de madera (su madre todavía estaría durmiendo), con su café y su periódico en papel. Nunca se había acostumbrado a leer en una pantalla. Parecía ajeno al desastre que había ocurrido con su hija hacía unas horas, y no sería ella quien le pusiera sobre aviso.

Desayunaron en apacible silencio y Flossie se escabulló al jardín en cuanto tuvo la oportunidad.

Tenía 27 mensajes de Mary, con capturas de pantalla incluidas, y 103 en el grupo de Whatsapp de amigas «Seis damas y un destino». Optó por dejar los mensajes del grupo sin leer y centrarse en Mary. Además de la monumental regañina por fiarse de Stella y de mostrar curiosidad por su galán secreto, la instaba a mirar sus próximos eventos en Facebook.

Abrió la aplicación, algo recelosa.

IMG-9621

Lo primero que se le ocurrió pensar fue que lady Albright había sido un tanto exagerada al escoger la foto. Sobraban unas ciento veinticinco personas, ya que el grupo (es decir, sus cinco hijas) lo componían una pianista, una arpista, dos violinistas y una violonchelista. Todas ellas en proceso de aprendizaje.

Sacudió la cabeza e intentó centrarse en lo importante. La velada era esa misma tarde, pero no tenía ni idea de las intenciones de Mary al hacerle llegar el evento. Así que se lo preguntó en un audio.

La respuesta llegó enseguida, porque Mary estaba en línea. Era clara y contundente:

Tienes que asistir a la velada y actuar con toda la normalidad del mundo, querida. Como si hubiera sido una.

Flossie pulsó el play del siguiente audio.

Disculpame, se me ha resbalado el dedo. Actúa como si hubiera sido una broma de pésimo gusto de lady Stella, demasiado insignificante como para que le prestes un segundo de atención.

A Flossie le entró pánico solo con pensar en exponerse ante tantas personas en apenas unas horas. Pero sabía que Mary tenía razón.

Se cubrió la cara con las manos para darse un respiro y luego cuadró los hombros. Tenía que elegir su mejor vestido para las fotos que pudieran hacerle aquella tarde.

Antes de levantarse del banquito en el que se había sentado, sin embargo, cayó en la cuenta de que aún le faltaba hacerle una última pregunta a Mary.

Mantuvo pulsado el icono del micrófono.

—¿Acudirá tu hermano a la velada?

Mary la dejó en visto y tardó un minuto exacto en responder.

Sí que vendrá.

A Flossie se le cayó el alma a los pies, una repentina sospecha se apoderó de ella.

Volvió a pulsar el micrófono.

—¿Está ahí? ¿Contigo?

Otra vez quedó en visto y pasaron dos minutos largos hasta recibir una contestación.

Una voz profunda y sardónica la respondió y le provocó un estremecimiento:

Claro que estoy aquí, renacuaja. Si tus padres no se han encargado de darte unos buenos azotes por lo que has hecho, yo me encargaré personalmente de ello esta tarde.

Flossie apenas prestó atención al ruido de lucha que se oía de fondo, en un intento heroico de Mary por recuperar su teléfono. Solo existía un pensamiento en bucle en su cabeza.

Lord Anthony Bale, vizconde Bale, el hombre del que una vez estuvo locamente enamorada, había visto su provocativo selfie.

***

Flossie entró en la residencia de los Albright con las rodillas temblando como un flan. Sabía que presentaba su mejor aspecto, porque la doncella se había encargado de trenzar, rizar, estirar y volver a rizar su pelo en un gracioso recogido, y cada puntada de su vestido verde mar era exquisita y única, imposible de encontrar en los catálogos para damas que circulaban por Internet. Pero no estaba preparada para ver a ninguno de los invitados. Y a Anthony el que menos. El hermano de Mary era seis años mayor que ellas, y Flossie había sentido adoración infantil por el muchacho que jugaba y cuidaba de las dos con disimulada paciencia cuando iba de visita a casa de los Bale. Con el paso de los años, el cariño de Flossie se transformó en un cálido sentimiento que daba alas a su corazón y lo hacia batir contra sus costillas siempre que Anthony estaba cerca. Era amor.

Sin embargo, Flossie se había obligado a sí misma a hacer a un lado esas emociones que solo le aportaban tristeza. La realidad era muy clara. Anthony únicamente la veía como la niña que fue. La amiga de su hermanita pequeña. Y sus intereses románticos se habían centrado en una mujer que no era ella. Y otra. Y otra más. Cuando su corazón se rompió por quinta vez al ver el tweet de lady Claire Borrows, en el que se jactaba de acudir a un picnic íntimo con lord Anthny Bale, tomó la drástica decisión. Las connotaciones eran evidentes:

60201

El rumbo que su amor de juventud había tomado no podía ser más distinto al de Flossie.

Podría decirse que cada semana corrían rumores y cuchicheos acerca de él por los salones y las redes de la sociedad londinense.

—Ese muchacho Bale cada vez anda por peor camino.

Dijo una vez una matrona en un corrillo de señoras. Pensaba que porque ella estaba algo sorda, Flossie no podría escucharla.

—¿Habéis visto su última foto de perfil de Whastapp? Inconcebible, queridas, inconcebible. Está… a medio vestir. —En este punto la dama había comenzado a abanicarse con énfasis y a susurrar muy alto lo que la tenía tan ofendida—: En ella aparece al aire libre en mangas de camisa, arremangadas para mostrar sus antebrazos. Sin sombrero, sin chaqueta ni chaleco y sin pañuelo al cuello. La viva imagen de un disoluto.

Flossie suspiraba por ver esa foto.

Se había permitido imaginar sus cabellos castaños revueltos por la brisa y sus ojos oscuros mirando con malicia al objetivo, consciente de lo que hacía. Pero no tenía el número de Anthony y jamás se lo pediría a Mary. Le daba demasiada vergüenza.

De lo que sí había sido testigo era de su último escándalo, ya que se encontraba en casa de los Albright cuando lady Albright había puesto el grito en el cielo por la conducta temeraria de su hijo y no había podido evitar mostrársela a Mary y a la propia Flossie.

Anthony había retransmitido un vídeo en directo con Facebook live en el que conducía un faetón a gran velocidad por la afueras de Londres, participando en una carrera entre caballeros tan desenfrenados como él. Flossie había tenido el pecho encogido durante toda la emisión, esperando el fatal desenlace, aterrada ante un posible accidente. Pero, como ocurría con todo lo que se proponía Anthony, había logrado alzarse ganador.

Al ver su sonrisa complacida ante la cámara, Flossie había sentido ganas de abofetearlo y abrazarlo, todo al mismo tiempo.

Pero no era posible.

Ahora tenía que mostrarse indiferente. Madura y sofisticada. No podía amenazarla con darle unos buenos azotes como si tuviera diez años. Ya no.

Giró el cuello y vio acercarse a Mary, cuyos ojos y cabellos castaños eran un constante recordatorio de su hermano mayor.

—Hola, querida. ¿Cómo te encuentras?

La saludó con un pequeño roce de mejillas.

—Mucho mejor, Flossie. Busqué en Google un remedio natural para la garganta irritada y ha sido un verdadero alivio. Los ingredientes son muy sencillos, así que Molly solo tuvo que salir un momento al mercado a por ellos. Te enviaré la página para que tú también la tengas.

Flossie le agradeció tanto el ofrecimiento como el hecho de que hablasen sobre un tema bastante trivial mientras se acercaban a las sillas dispuestas para el concierto.

Una vez hubo tomado asiento, Flossie se deshizo del chal color nácar que llevaba sobe los hombros y fingió colocarlo en el respaldo del asiento para echar un vistazo a su alrededor. Varias personas formaban círculos para comentar sus últimas actualizaciones o cambios de estado. Una muchacha joven no podía evitar el rostro de puro aburrimiento ante otra dama que le enseñaba uno de esos interminables vídeos que se habían hecho virales. Nadie parecía prestarle especial atención, aunque sentía miradas invisibles que cosquilleaban en su espalada y le daban escalofríos.

Flossie suspiró y no pudo menos que extrañarse de que nadie hiciera una mínima referencia directa a su selfie. Era imposible que al menos una o dos personas no lo hubieran visto y corrieran a contárselo a los demás mientras la señalaban.

Se volvió hacia Mary.

—¿No te parece raro que no se oigan comentarios sobre las fotos de Stella?

Los ojos de Mary brillaron con un poco de culpabilidad y algo que Flossie no supo descifrar.

—Bueno, quería esperar a hablar contigo en privado pero, ya que has sacado el tema, he de revelarte algo. Es acerca de tu admirador secreto.

Flossie dio un respingo.

—¿El que quiere casarse conmigo en Gretna Green?

—El mismo.

—¿Qué tiene que ver en todo esto?

—Verás, ha enviado mensajes privados con archivos adjuntos a todas las personas que han comentado o han compartido tu foto con malas intenciones, y también a los caballeros que le han dado a «Me encanta» a tu selfie del beso. Es bastante celoso.

Flossie agrandó los ojos.

—¿Qué… clase de archivos adjuntos?

Mary tardó un momento en poner en orden las palabras antes de hablar:

—Son documentos y fotos muy privados de los interesados, que él ha jurado hacer públicos si lee una sola letra en tu contra. Además de amenazarlos con hacerse con más. Por lo visto, Stelle ha sido la peor parada, sus archivos son bochornosos. Aunque no debería sorprendernos.

—¡¿Mi admirador es un hacker?! Santo cielo…

La cabeza de Flossie daba vueltas. De pronto la alzó con rapidez.

—Espera, Mary. ¿Cómo sabes todo eso?

La aludida abrió y cerró la boca un par de veces sin que saliera ningún sonido.

Antes de que Flossie pudiera añadir nada más, un movimiento a su derecha la distrajo.

Anthony había entrado en la sala y la miraba sin parpadear, con uno de sus anchos hombros apoyado con despreocupación en el marco de la puerta. La atravesaba con sus ojos oscuros, como si la estuviera retando a apartar la vista un milímetro siquiera. ¡Cómo si Flossie pudiera! La tenía completamente atrapada.

Luego le guiñó uno de esos ojos impertinentes y su labios gruesos y atractivos salieron disparados hacia delante poniendo morritos. Repetidas veces.

Flossie ahogó un grito ultrajado.

¡El muy granuja le estaba lanzando besitos! ¡¿Cómo se atrevía a imitar siquiera el selfie que casi provoca su desgracia?!

¿Cómo podía ella pensar si quiera en reírse? Pero le estaba costando todo su autocontrol retener la carcajada que burbujeaba en su garganta al ver sus muecas.

Flossie iba a girar la cabeza, fingiéndose indignada, cuando Anthony le hizo una señal a su hermana.

Mary emitió una tosecilla, tensó la boca en señal de disgusto y acercó el altavoz del móvil a la oreja a Flossie. La voz de Anthony se deslizó por su piel muy despacio:

Tenemos una cuenta pendiente, Florence. —Flossie apretó la mandíbula al escuchar su nombre real, pero no pudo evitar sentirse fascinada por la situación. Anthony se encontraba a unos cuatro metros de distancia, pero sujetaba el teléfono con desenvoltura y le hablaba al oído con una cadencia íntima, cómplice, como si estuviera todo lo cerca que un hombre puede estar de una mujer—. Espero que no lo hayas olvidado. Yo no lo he hecho. Te veré después del concierto, pequeña.

El rubor se extendió por su mejillas, su cuello y su escote. Y Anthony pareció seguir el cambio de color de su piel con extrema atención; su expresión se había vuelto indescifrable e intensa, lo que hizo que Flossie se sonrojase aún más. Lo vio apretar los puños cuando su mirada bajó a la altura de sus pechos para después darse la vuelta con brusquedad y desaparecer en alguna de las estancias de los Albright.

***

—¡Flossie! ¿A dónde vas? El concierto está a punto de comenzar.

El tono admonitorio de Mary no fue suficiente para disuadir a Flossie de levantarse e ir en busca de Anthony. No podía lanzarle una amenaza semejante y esperar que ella se quedara quieta y tranquila durante toda la actuación. Con los nervios previos acumulados por su desastre con Stelle no lo resistiría.

Lo encontró en la segunda habitación en la que miró. Las cortinas estaban medio corridas y él estaba casi a oscuras, reclinado en un diván de aspecto mullido. Lo único que aparecía iluminado por una difusa luz blanquecina que procedía de la pantalla del teléfono móvil era su apuesto rostro.

Flossie iba a entrar en tromba, pero lo pensó mejor y decidió colarse con mucho sigilo para acercarse por detrás a Anthony, ya que este todavía no había advertido su presencia. Era muy infantil asustarlo como cuando eran niños, sí. Había decidido comportarse como una adulta, sí… ¡pero iba a ser tan satisfactorio!

Ya estaba cerca, muy cerca… Le quedaban unos centímetros para alcanzar su oreja.

Inspiró hondo para gritar bien fuerte.

Y todo el aire escapó de sus pulmones de golpe y en silencio, cuando Anthony la aferró de la muñeca y la aplastó bajo su cuerpo sobre el diván.

—¿Qué demonios haces, renacuaja?

El aliento de Anthony le rozaba los labios, así como su torso se aplastaba contra sus pechos y sus piernas se enredaban con las suyas.

—Yo, yo…

Flossie fue incapaz de encontrar su voz y giró la cabeza, aturdida por la fuerte figura que se había colado en cada poro de su piel.

Entonces frunció el ceño.

El móvil de Anthony se había quedado entre los cojines, pero lo más desconcertante era que había una foto suya de fondo de pantalla.

Fue muy rápida.

Antes de que él pudiera reaccionar, Flossie se había hecho con el teléfono y se había escurrido fuera de su alcance. Estaba desbloqueado, así que no le costó acceder a la galería y ver más fotos de ella. Muchas más. En cientos de posturas distintas y con mil expresiones diferentes. La última, de su rostro girado mientras hablaba con Mary hacía apenas un rato en la sala de música. Como si Anthony hubiera querido atesorar cada vivencia que había compartido con Flossie, incluso en la distancia…

—¿Qué significa esto, Anthony?

Su corazón no había dejado de latir acelerado desde que la había sujetado contra su cuerpo. Estaba segura de que ahora sus redobles se podían escuchar en el silencioso cuarto.

Cuando alzó la cabeza para enfrentarlo, un solitario haz de luz solar iluminaba sus facciones tan masculinas, y lo que encontró allí la dejó boquiabierta, porque no se lo habría esperado ni en mil años.

Las mejillas cubiertas por una sombra de barba habían adquirido un tono escarlata. El atrevido, indomable Anthony Bale estaba ruborizado.

Tal fue la sorpresa de Flossie que no se movió cuando Anthony se acercó a ella, le arrebató el móvil y salió de la habitación con pasos apresurados.

***

Flossie se desplomó sin fuerzas sobre el diván. La mente en blanco.

El móvil vibró de pronto y se apresuró a sacarlo del pequeño retículo de lentejuelas que llevaba atado a la muñeca. Era un apurado Whastapp de Mary.

mary

Flossie se lo agradeció de forma efusiva y añadió el número a sus contactos antes de poder arrepentirse de su impulso repentino. Iba a poner un icono de corazón junto al nombre de Anthony, pero le pareció demasiado cursi y se decidió por un jinete. Encajaba muy bien con él.

Antes de hacer nada más, se metió en su perfil de Whastapp, pero ya había cambiado su díscola foto (para desgracia de Flossie). Una sonrisa divertida se dibujo en sus labios. Desde luego, no se podía negar que los hermanos Bale tenían el mismo sentido del humor.

Con dedos temblorosos, tecleó un sencillo mensaje.

A3

El corazón casi se le para, unido a un placentero cosquilleo de satisfacción, al ver que Anthony se había puesto en línea y había respondido tan rápido. ¿Qué podía contestar a aquello?

A2

Esa respuesta tan seca molestó a Flossie, así sería aún más complicado proseguir con una conversación ya difícil de por sí. Pero entonces vio que Anthony seguía escribiendo.

A

Flossie estaba completamente desconcertada y Anthony seguía escribiendo y escribiendo. ¿Qué pondría…? Ups.

A4

Flossie se quedó mirando la pantalla del teléfono lo que parecieron horas.

Debía de estar soñando.

Era del todo imposible que lord Anthony Bale, el hombre cuya sola mirada bastaba para hacerla sentir en una nube y luego empujarla a caer en picado al duro suelo, hubiera declarado que la amaba.

Pestañeó un par de veces.

Por Whatsapp. Con un emoticono de beso y un corazón chispeante.

La puerta se abrió de golpe.

Como si Anthony hubiera leído sus pensamientos, clavó los ojos en ella antes de pronunciar una frase que la hizo temblar:

—Hay cosas, Flossie, que solo se pueden hacer en persona…

De pronto se vio envuelta por sus fuertes brazos, se inclinó sobre ella y su aliento le rozó la oreja:

—Yo te llevaría hasta Gretna Green hoy mismo, mi bella tentadora, solo para probar tus dulces labios.

Se derrumbó contra él porque las piernas apenas la sostenían, luego posó las manos suavemente en su nuca. Hasta que la alarma la hizo tensarse.

Conocía esa frase… Y el segundo nombre de Anthony era Robert. Anthony Robert Bale. Las piezas encajaron con un suave «click» en su mente. «R.B.»

—Oh, Dios mío… ¿Tú eres el hacker?

Anthony no la dejó separarse de él y Flossie notó la sonrisa que dibujaban esos labios que la hipnotizaban sobre la delicada piel de su cuello.

—A su servicio, milady.

—Pero… ¿por qué?

—Cuando vi ese enloquecedor selfie publicado, supe que cualquier hombre podría arrebatarte de mis manos, y no iba a permitirlo. Además, renacuaja, yo siempre te protegeré. De todo.

Flossie lo abrazó con más fuerza.

—Todo este tiempo, pensé que no sentías nada por mí, que solo me veías como una niña. Y que yo era una tonta por quererte.

—¿Me quieres, Flossie? En el pasado solo me atrevía a soñarlo mientras admiraba tu inteligencia, tu belleza. Tu alma.

Su voz sonaba ronca y apasionada.

—He intentado evitarlo, Anthony. Pero no sabría no quererte…

—No dejes de hacerlo. Nunca.

Esta vez la aferró por los hombros para perforarla con sus ojos oscuros.

Flossie tenía la garganta tan comprimida que solo fue capaz de asentir, y Anthony esbozó una tierna sonrisa, que se amplió hasta adquirir un brillo pícaro.

—Entonces, mi amor, déjame robarte ese beso antes de llevarte a Gretna Green. Llevo demasiado tiempo esperándolo.

Le apartó un rizo de la mejilla con ternura y ahueco sus grandes manos sobre su rostro para irse acercando a ella poco a poco, hasta que Flossie sintió la presión de sus labios en una caricia dulce y ardiente. Una que encerraba promesas de felicidad.

e2

FIN

Isabel Jenner

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s