Publicado en Andaduras, curiosidades

Cuando un escritor no puede…

¡Hola! Debería añadir de nuevo porque sé que he estado muy alejada de este blog, de las hojas en blanco (tanto digitales como de papel), pero no así de las redes sociales en las que escribí alguna entradilla no muy larga. Y poco más.
Hoy, uno de marzo, vengo a confesarme, sincerarme, abrirme en canal, arrancarme la piel ante vosotros. ¿La razón? A continuación.

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Este encantador búho es una clara imagen de lo que me ocurrió por el mes de noviembre del año pasado.
Una mañana charlando de…. ¿cómo definirlo? Bueno, vale, está bien… De “eso que está por llegar”, con una persona que me ha ayudado en los últimos nueves meses, Érika Gael, me recomendó lo siguiente después de escuchar el speech que solté gratuitamente:
«¡Alejate! ¡Desconecta! o será peor».
Imaginaos mi careto, tal que así 😳 (more or less). No era de extrañar que con unas previsiones peores que las meteorológicas ⛔️STOP⛔️: ¡Qué no, que esa borrasca que viene por ahí no soy, solo compartimos nombre! ¿Entendido? THANK YOU. Terminado el inciso, retomo: pues eso, que con esas previsiones no me quedó más remedio que aceptar que debía tomarme unas “Vacaciones Antes de Navidad”.
Los escritores no somos máquinas y nadie se puede imaginar el desgaste que uno sufre al terminar una historia. A veces, incluso, reenganchamos una detrás de otra. Sin embargo, mis engranajes necesitaban pisar el freno y descansar al ritmo de: RELAX, TAKE IT EASY…!!!💃
Ahora surge la pregunta del millón: ¿qué hace un escritor cuando no hace nada? Es decir, si no escribe.
Si un escritor no escribe se vuelve un gremlin de los más chungos que, aunque se lave a las nueve de la mañana gruñe, está aburrido y aburre a los demás y se engancha cual garrapata a lo primero que encuentra (ya he contado en otra entrada que es un ser muy friki🤓). En mi caso, lo reconozco, los primeros días andaba más mareada que el pato Lucas, me faltaba algo, miraba al suelo buscando la quinta extremidad (propia de la profesión): el ordenador. ¡Sí, señor! Además en todas sus versiones, sobremesa🖥, más grande, o más pequeña como el portátil💻 (esta es la mía); me recreé mogollón con los maromos de la tele📺❤️, esos que anuncian perfumes y piensas: «¿Por qué no me hacen una sesión especial?». Lo más heavy, padecí eso que algunos compañeros han clasificado como ESCRITOFRENIA. Se puede definir tal que así: nombre que recibe una nueva subcategoría de enfermedad mental que solo sufren aquellos que se dedican a escribir y se caracteriza por la invasión de su cerebro (casi alíenígena 👽 del cine) que sufren por parte de los personajes a los que visualizan (tened en cuenta que no existen) y escuchan hasta en sueños.
Ahora lo mejor:
De noche. Sentada a oscuras en el sofá con la mente en blanco. Un hombre se sienta a mi lado con una sonrisa ladeada IM-PRESIONANTE. Me mira. Me mira.
E: Hola —lo saludo, cortada.
X: Hola, ¿qué tal?
(No es que su nombre empiece por equis, sino que es mi nuevo prota y de momento, para vosotros es un incógnito 🤭).
E: ¿Te conozco?  😒
(Soy gallega, así que respuesta a la gallega).
X: Claro que sí, pero no me haces caso, ¡me ignoras! Me acerco y te escapas…
E: ¡Uy! ¡Qué maleducado!
X: ¿Cuándo vas a escribir mi historia? —Sus ojos grises brillaban furibundos.
E: Se siente. —Tragué ruidosamente. (¿Y yo voy a enfrentarme a este “bicho”)—. Estoy de vacaciones…
Cogí boli y papel y… Escribí, escribí, escribí, 5min; 10, 20, 30 ¡STOP! Dolor de cabeza 🤯.
En todo ese proceso vacacional me dolió mucho la cabeza y ya no es broma. No penséis que fue nada más parar, ¡qué va! A medida que avanzaban los días, quizás después de la primera semana de parón, comenzaron. Primero eran unos ronroneos, hasta que se convirtieron en algo más intenso: migrañas. Me levantaba y me acostaba con la cabeza como un bombo. Después, si aliviaban eran los ojos los que me dolían. Así hasta las puertas de Nochebuena. No fue nada fácil. Llegué a creer que no podría escribir más (sí, muy drama queen, lo sé), ya que cuando intentaba meditar un poco sobre algún proyecto nuevo, apenas podía centrarme sin resentirme o sin aumentar los dolores que sufría en esos momentos. ¡Horrible!
Como esos dolores por escribir me aterrorizaban, me concentré en leer. Leí mucho, poco a poco, pero mucho. Rebajé la lista de todos los que tenía en la recámara y, como no podía ser de otro modo, ¡¡¡me enganché!!! Me enganché mucho a series basadas en libros, que leeré: Big Little Lies; Alias Grace (me gustó mucho el cameo de Margaret Atwood, la autora del libro) o The Handmaid’s Tale (también de la misma autora, pedido a Círculo de Lectores); La reina blanca y La princesa blanca (muy enganchada estuve. Las terminé y las volví a ver, así ¡hala!).
Pues… ¡Qué bien sienta desahogarse entre amigos!

P.D: Hoy es uno de marzo, sí, nuevo mes, por eso os hago un regalillo final: la portada de mi nueva novela.

Portada el fino hilo
Un día de estos os hablaré más de la historia que guarda entre sus páginas.

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